La Viuda: la leyenda popular que aún aterroriza los caminos del Norte argentino:
El mito de La Viuda representa uno de los temores más profundos para quienes transitan las rutas de Salta, Jujuy y Tucumán. Este espectro femenino acecha a los hombres solitarios durante la noche.
El encuentro típico con La Viuda comienza cuando un jinete o conductor solitario siente un peso repentino en la parte trasera de su montura o vehículo. Sin previo aviso, la entidad se materializa a sus espaldas, envolviendo al viajero con un frío gélido y un aroma a flores marchitas.
Los testimonios coinciden en que el espectro no emite palabras, pero su presencia provoca una parálisis inmediata en los caballos, que se niegan a avanzar y relinchan con desesperación. El hombre, presa del pánico, suele perder el conocimiento o sufrir fiebres intensas tras el encuentro.
Las leyes del camino y la protección frente al encuentro fantasmal
En el libro "Supersticiones y leyendas", el historiador Manuel Lizondo Borda analiza este mito como una advertencia moralizante para los hombres de vida licenciosa. La Viuda suele atacar preferentemente a quienes regresan tarde de las bailantas o de encuentros clandestinos.
La fisonomía de La Viuda es un misterio, ya que quienes intentan quitarle el velo descubren un rostro esquelético o una calavera con ojos llameantes. Este impacto visual suele dejar a los testigos en un estado de mudez temporal o con secuelas psicológicas de larga duración.
Para evitar su ataque, los paisanos del norte recomiendan portar elementos bendecidos o realizar la señal de la cruz con la mano izquierda. Otros sugieren que no hay que mirar hacia atrás bajo ninguna circunstancia, incluso si se siente el roce de sus vestiduras negras.
La figura de este espectro varía ligeramente según la provincia, pero mantiene siempre su esencia de mujer enlutada. En Tucumán, por ejemplo, se asocia su presencia con el crujir de las ramas y el llanto ahogado que se confunde con el viento entre los cañaverales.
A diferencia de otros fantasmas que buscan ayuda, La Viuda es considerada una entidad agresiva. Se dice que puede arrojar al jinete de su caballo o provocar accidentes fatales en las curvas peligrosas de los cerros, desapareciendo en una carcajada seca y metálica.
El sociólogo e investigador del folclore, Juan Alfonso Carrizo, identificó raíces europeas en esta leyenda que se fusionaron con el misticismo andino. El luto eterno y la figura de la mujer despechada son arquetipos que encontraron en el paisaje del norte un terreno fértil.
En la actualidad, los camioneros que recorren las rutas nacionales 9 y 34 aseguran ver a una mujer vestida de negro haciendo señas al costado del camino. Al detenerse para prestar auxilio, la figura se desvanece en el aire, dejando un rastro de olor a azufre o incienso.
La creencia sostiene que La Viuda habita en las taperas, que son construcciones abandonadas en medio del campo. Allí espera el paso de los transeúntes, alimentándose del miedo y de la energía de aquellos que se atreven a desafiar el silencio de la noche norteña.
Un rasgo particular de este mito es su vínculo con el concepto de "el familiar" o el diablo. Se cree que algunas versiones de La Viuda son manifestaciones de fuerzas demoníacas enviadas para cobrar deudas pendientes con aquellos que hicieron tratos de prosperidad.
Las crónicas policiales de antaño solían registrar denuncias de hombres que llegaban a los pueblos en estado de shock, con las ropas rasgadas y marcas de uñas en los hombros. Aunque la ciencia lo atribuye a alucinaciones, la cultura popular no duda de su origen.
El vestuario de la aparición es un elemento central de su iconografía. El velo representa el secreto y la vergüenza, mientras que el vestido largo oculta que el espectro no posee pies, sino que se desplaza flotando a pocos centímetros del suelo polvoriento.
A pesar de la modernización y la iluminación de las rutas, el mito persiste en la memoria colectiva. Los padres del norte siguen utilizando la historia de La Viuda para advertir a los jóvenes sobre los peligros de la noche y la importancia de respetar los horarios.
La permanencia de esta leyenda demuestra la vigencia de lo sobrenatural en la identidad argentina. La Viuda es el recordatorio de que los caminos no pertenecen solo a los vivos, sino que existen fuerzas antiguas que reclaman su espacio en la oscuridad.
El temor a este encuentro moldea las conductas de los habitantes rurales, quienes prefieren viajar acompañados o evitar las zonas marcadas como "pesadas". La fe y la superstición se entrelazan así en un sistema de protección contra lo inexplicable y lo nefasto.
Cada vez que un viento frío baja de los cerros y las sombras se alargan sobre el pavimento, el relato de La Viuda recobra su fuerza. Su figura negra sigue siendo la reina de los desvelos y la dueña de los senderos más apartados del norte del país.
La chica de la curva:
Esta historia se encuentra presente en todo el mundo. Se trata de la enigmática aparición de una chica durante la noche en las carreteras desoladas.
Hay dos versiones. La primera asegura que es una figura fantasmagórica, vestida de blanco, que se puede ver en las curvas para prevenir a los conductores. La segunda afirma que es una joven bonita y agradable que pide que la lleven. Así, se sube y conversa afablemente, hasta que al llegar a una curva pronunciada, pide bajar la velocidad porque ahí fue donde murió. Luego de esto, desaparece.
Cuenta la leyenda que un padre de familia volvía del trabajo a casa por la carretera de las Costas del Garraf.
Era una noche lluviosa, el frío empañaba el parabrisas y el cansancio empujaba sus párpados hacia abajo.
A medida que avanzaba por la carretera, las gotas golpeaban con más violencia los cristales de su coche, que perdía estabilidad en el serpenteante trazado del asfalto.
El hombre agudizó los sentidos y redujo la marcha.
En ese mismo instante, los faros del vehículo iluminaron la figura de una chica que, empapada por la lluvia, esperaba inmóvil a que algún conductor se apiadara de ella y la llevara a su destino.
Sin dudarlo ni un momento, frenó en seco y la invitó a subir. Ella aceptó de inmediato, y mientras se sentaba en el lugar del copiloto, el chofer se fijó en su vestimenta.
Llevaba un vestido blanco de algodón arrugado y manchado de barro. Por su pelo enmarañado, parecía que llevaba un buen rato esperando.
Reanudó el viaje y empezaron una distendida conversación en la que la chica esquivó en varias ocasiones la historia de cómo había llegado hasta aquel lugar.
Hasta que llegó el momento idóneo. Con una voz fría y cortante, le pidió que redujera la velocidad hasta casi detener el vehículo.
“Es una curva muy cerrada”, le advirtió. El hombre siguió su consejo y, cuando vio lo peligroso que podría haber sido, le dio las gracias.
Ella, con voz cortante y fría, le espetó: “No me lo agradezcas, es mi misión. En esa curva me maté yo hace más de 25 años. Era una noche como ésta.”
Un escalofrío recorrió la espalda del hombre y erizó su piel. Cuando giró la vista hacia el copiloto, la joven ya no estaba.
El asiento, sin embargo, seguía húmedo.
Esta escena se ha repetido en otros lugares del mundo.
La Leyenda la Chica de la curva no tiene un origen definido y está dispersa por una extensa área geográfica.
Aunque hay muchas versiones del relato, todas coinciden en que gente viajando en vehículos se encuentra con autoestopistas que luego desaparecen sin explicación alguna, generalmente en el propio vehículo en movimiento.
El chupacabras:
Aunque esta criatura fue reportada en diferentes lugares, lo cierto es que su presencia fue reportada en varias provincias de la Argentina, una de ellas Formosa. A la hora de describirla sus características son similares en todos los sitios. Se trata de un extraño ser responsable de mutilar vacas y otros animales. Una mítica criatura de la cultura popular que ataca por las noches. Lo extraño es que no se lleva los cuerpos, ni un sólo hueso sólo les arranca la lengua, los ojos y las quijadas. Te invitamos a conocer la increíble historia del Chupacabras.
Los productores muchas veces atribuyen este fenómeno a luces que aparecen en el cielo o al Chupacabras ya que los cortes pareciera que fueron realizados con un láser porque no se encuetran marcas de chuchillo. Pero lo extraño es que los cadáveres no son comidos ni siquiera por las aves caroñeras. Formosa no escapa a esta fascinante leyenda y muchos pobladores de la zona han asegurado haber visto a la criatura.
Pero ¿por qué es tan espeluznante el Chupacabras? Se dice que se lleva los ojos, la lengua e inclusive les extraen los dientes. Habitantes narran historias aterradoras sobre él, como una vez cuando una vaca perdió su ternero y las personas fueron a buscarlo. Al encontrar al ternero este balaba y descubrieron que le faltaban los ojos y la lengua, algo difícil de olvidar. La experiencia fue descripta como si algo lo estuviera devorando por dentro. Además se le atribuyen otras situaciones paranormales, por lo que sólo mencionar su nombre es sinónimo de terror por estas tierras.
Incluso en el interior de Formosa, en Comandante Fontana durante el año 2012 se registró una importante mutilación de ganado, cercenamiento y amputaciones, situaciones difícil de explicar. Lo extraño fue que no se encontró ni una gota de sangre. Aunque en principio se quiso atribuir esta espeluznante forma de morir a los extraterrestres, lo cierto es que en su mayoría, incluso desde el ámbito científico, creen que se trata de un animal desconocido o poco común.
Nació en Puerto Rico, en marzo de 1995, en la ciudad de Canóvanas. Unos 8 animales aparecieron muertos, sin sangre, con pinchazos en el cuello. La prensa le puso el nombre y explotó
La clave del origen: La primera testigo principal, Madelyne Tolentino, dio una descripción que coincidía casi exactamente con el monstruo "Sil" de la película de ciencia ficción Species, que se había estrenado poco antes en Puerto Rico
Los medios lo difundieron como loco, y en meses pasó de Puerto Rico a México, Argentina, Chile, Estados Unidos… ¡hasta Rusia y Filipinas llegaron a tener reportes !
¿Es real o no?
Pero hay explicaciones científicas muy claras:
Los animales "sin pelo y raros" que la gente encuentra muerta son coyotes, perros o zorros con sarna — una enfermedad de la piel que les cae el pelo, les deforma la piel y los hace ver irreconocibles
Los animales muertos con marcas en el cuello: depredadores comunes — perros cimarrones, zorros, aves de rapiña. Lo de "sin sangre" es una ilusión: cuando un animal muere, la sangre se acumula adentro y parece que no tiene
Se analizaron ADN de decenas de "chupacabras" encontrados en todo el continente: todos resultaron ser animales conocidos con enfermedades.Teke teke:
Esta leyenda surgió en Japón. Teke teke es el fantasma de una joven que murió trágicamente en una estación de tren. Se trataba de una chica tímida a la que sus compañeros de clase solían molestar incansablemente.
Un día, mientras esperaba el tren para regresar a casa, los que la fastidiaban le pusieron un insecto en el hombro. Cuando intentaba quitárselo, perdió el equilibrio y cayó a las vías. Allí fue aplastada y descuartizada, su cuerpo se partió en dos. Por ello, su fantasma se arrastra sobre el torso, ayudándose de los brazos. De ahí el nombre teke teke, que imita el sonido que hace al andar.
Se dice que ronda el lugar donde murió y que aparece por las noches para atacar a las personas con su largos dedos como guadañas.
La historia fue tan popular que el 2009 se hizo una adaptación cinematográfica con el mismo nombre.
De dónde salió realmente:
Pero como todas las grandes leyendas, tiene una verdad detrás: los trenes de alta velocidad de Japón son peligrosos, los accidentes ocurren, y el miedo a caer a las vías es real. La leyenda tomó ese miedo cotidiano y lo convirtió en fantasma.La chica del espejo:
Otra afirma que se trataba de una chica demasiado vanidosa que pasaba todo el tiempo mirándose al espejo. Cuando le cortaron el cabello, desesperó y se suicidó. Así fue como su espíritu quedó vagando para siempre.
Para invocarla, hay que prender una vela y repetir su nombre tres veces frente a un espejo a medianoche.

: el cerebro deja de reconocer bien los rasgos de tu propia cara y empieza a distorsionarlo. Vos ves tu cara, pero el cerebro te "reemplaza" partes sin querer, y te parece que es otra persona, un rostro aterrador… pero es tu propia mente, no un fantasma.
De dónde salió la leyenda:El hombre de la bolsa:
Es un hombre de aspecto indeterminado que pasea por las noches en busca de chicos pequeños. Lleva una gran bolsa en la que puede meterlos y hacerlos desaparecer para siempre. Lo más llamativo es que nadie ha podido ver su rostro y algunos lo describen vistiendo una túnica.
Básicamente, es una historia que sirvió para asustar a los niños y evitar que se acercaran a extraños. Sin embargo, el relato ha permanecido y se ha extendido por todo el mundo.


Viejo de la Bolsa / Hombre de la Bolsa
Hombre del Saco / Viejo del Costal
Sack Man / BogeymanLa mujer de la cara cortada:
Esta leyenda urbana de origen japonés es una de las más terroríficas y macabras. Se trata del fantasma de una mujer llamada Kuchisake-onna que busca venganza. Luego de ser asesinada y mutilada por su esposo por ser infiel, su espíritu continúa vagando por las calles.
Se cuenta que deambula entre las personas usando una mascarilla. Luego, se acerca a alguien en particular y le pregunta si es hermosa. A continuación muestra su rostro y ataca a la víctima para dejarla igual de deformada que ella.




Nació en Japón, se popularizó masivamente en la década de 1970. Los periódicos publicaron la leyenda y se armó tal pánico que los niños dejaban de ir solos a la escuela — grupos de adultos los acompañaban por miedo
Existe una versión antigua de la era Edo (siglos XVII-XIX), pero la versión moderna que conocemos explotó en los años 70
No hay caso real confirmado. La policía de Japón investigó los reportes de la época y no encontró a nadie que coincidiera. Lo que sí pudo haber: una mujer con problemas mentales que perseguía niños con un paraguas, y la histeria colectiva transformó esa realidad en el monstruo
¿Es cierta?
Pero fue tan fuerte que paralizó a todo un país. La gente creía tanto que era real que las escuelas tuvieron que pedir permiso policial para que los maestros acompañaran a los chicos a sus casas .La dama de blanco:
La versión argentina
Origen real y antigüedad:
¿Es cierta?
Pero hay algo profundamente verdadero detrás:El hombre que sobrevivió a un naufragio y quiso superar su miedo al mar... viajando en el Titanic:
Esta es la historia de Ramón Artagaveytia, un rico uruguayo cuya vida quedó marcada por el mar.
El uruguayo Ramón Artagaveytia Gómez era una de las 1500 personas que murieron en naufragio del Titanic, en la madrugada del 15 de abril de 1912. Cuatro días antes de la tragedia, el empresario agropecuario de 71 años le envío una carta a su hermano en la que le describía la majestuosidad del barco. A 111 años del siniestro, la misiva su subastó por US$ 12.000.
Era uno de los tres uruguayos que viajaban en el RMS Titanic, y en esta él le contó a su hermano que deseaba llegar a Norteamérica y que estaba “seducido” por el tamaño del “vapor de 45.000 toneladas” que hacía su primer viaje.
Había pagado poco más de 49 libras por el pasaje, según un artículo del diario uruguayo El Observador.
“Al acercarnos ayer en el vapor estaba fresco como el Río de la Plata, y al mirar para arriba me hacía el efecto de estar al pie de una casa de cinco pisos. Al entrar había como 50 mozos. Uno me toma las valijas, y por el ascensor (hay 3) subimos a mi piso en la cubierta B. El comedor está en la D y más abajo hay otros”, reza la misiva.
También relata que iban hacia Queenstown (Irlanda) a tomar correspondencia, que deseaba ver Norteamérica y cuenta varios detalles del barco entre los que destaca que algunos salones eran de madera esculpida, que la comida era “muy buena” y que tenía una estufa eléctrica en su dormitorio.
“Los corredores están pintados de blanco y algunos salones, como este, son de madera esculpida, creo que de roble, con sofás y sillas de raso aterciopelado verde. Todo es nuevo y rico”, subraya.
Poco imaginaba entonces que él, quien cuatro décadas antes había sobrevivido al incendio y hundimiento del buque América en el Río de la Plata, perecería ahogado en las heladas aguas del Atlántico Norte.
Otros dos uruguayos formaron parte del trágico viaje inaugural del RMS Titanic de Southampton, Inglaterra, a Nueva York, además de dos argentinos, un cubano y un mexicano, únicos latinoamericanos a bordo.
La misiva, que todos estos años ha permanecido en posesión de los descendientes de Adolfo Artagaveytia Gómez, incluye dos folios con tres carillas manuscritas, “originalmente un pliego de papel, con mancha de humedad”, según el sitio web de Zorrilla Subastas.
Está acompañada de una fotografía de un elegante señor con bastón y sombrero, impresa en carta postal francesa, fechada en Évian, Francia, el 31 de agosto de 1909, con la inscripción: “Una misiva y un recuerdo cariñoso a mi hermano Adolfo. Ramón”.
Una carta, y el recuerdo de sus últimas palabras, plasmadas para siempre como parte de la historia de la humanidad.
Los héroes argentinos del Titanic: el valiente cordobés que se tragó el mar y la bahiense que salvó a un bebé
Hace 110 subieron al gigantesco barco sin imaginar un destino trágico. Edgard Andrew tenía 17 años y había nacido en San Ambrosio, Córdoba. Tenía un boleto en una nave que no zarpó y embarcó en el Titanic. Antes de desaparecer para siempre en el mar helado salvó la vida de una mujer. Violeta Constance Jessop había nacido en Bahía Blanca, era camarera y una de las 23 mujeres que integraba la tripulación y rescató a un niño.
El Titanic probablemente sea el barco de mayor fama de la historia. Tardó tres años en construirse. Y sólo navegó cuatro días. Después, el horror.
Llevaba a bordo 2223 personas. Sólo se salvaron 705. El resto terminó en el fondo del mar. El viaje desde Southampton a Nueva York prometía ser histórico. Lo fue pero por otro trágico motivo: su hundimiento. Magnates, empresarios, políticos y otros influyentes y adinerados personajes ocupaban la primera clase. Pero en el resto del barco iban familias enteras que no conocían el turismo ni el confort, que pretendían llegar hasta Estados Unidos para empezar una nueva vida y dejar atrás el dolor.
El Titanic era, se decía, el barco de mayor seguridad en el mundo, nada podía pasarle. Pero el choque con el Iceberg mostró lo contrario. La descontada invulnerabilidad de la nave hizo que no se preocuparan (nadie lo hacía en la época) por los botes salvavidas. En ellos había espacio nada más que para 1178 pasajeros. Más de la mitad de las personas a bordo no tenía lugar en los botes.
Edgardo Andrew tenía 17 años. Y en unas pocas semanas una serie de pequeños eventos -desgraciadas coincidencias al ver el resultado- se confabularon para que se encontrara a bordo del Titanic. Edgardo no fue de los que compraron con anticipación el boleto para la travesía inicial del gigante, los que ansiaban navegar en la nave más grande e indestructible jamás construida.
La noche de la tragedia, ese 14 de abril de 1912, Edgardo se dirigía a encontrarse con su hermano mayor Silvano Alfredo instalado en Estados Unidos hacía años y que estaba por casarse en Nueva Jersey. Silvano era ingeniero naval de la Armada Argentina y su misión consistía en supervisar la construcción de dos buques argentinos: el Rivadavia y el acorazado Moreno. Como pensaba instalarse definitivamente en norteamérica junto a su adinerada esposa, deseaba que su hermano siguiera sus estudios junto a él.
Edgardo había nacido al sur de Córdoba, en San Ambrosio. Su padre, inglés, administraba una gran estancia. A fines de 1911 lo habían enviado a Londres a iniciar la carrera de ingeniero naval para que siguiera los pasos de su hermano mayor.
En Inglaterra pasaba su tiempo entre libros y esperando la visita de Josefina “Josey” Cowan, una joven amiga porteña. Pero el encuentro entre los jóvenes se frustró por el llamado de Silvano Alfredo.
Edgardo sacó pasaje en el Olympic, un trasatlántico grande que pertenecía a la misma empresa naviera que el Titanic. Este hecho, que ambos barcos tuvieran el mismo dueño, también influyó en el (caprichoso) destino de Edgardo. El Olympic zarparía algunas semanas después que el Titanic pero una huelga de carboneros hizo que la empresa suspendiera la salida. Todo el carbón acopiado (las navieras tenían reservas pero no tantas) sería destinado para el gran evento, para el viaje inaugural del Titanic. Lo demás podía esperar. Edgardo no tuvo más remedio que cambiar su boleto. Además de la incomodidad de la partida anticipada, de perder encontrarse con Josey, el joven debía pagar bastante más de lo que tenía pensado para viajar en la segunda clase del Titanic:12 libras, una pequeña fortuna para su economía.se.
Edgardo en medio del revuelo rescató un salvavidas y se lo puso. Mientras corría hacia una de las estaciones en las que debían estar los botes se encontró con Winnie que lloraba desconsolada. La abrazó, la llevó con él, se quitó el salvavidas y se lo puso a ella. Luego al percatarse que no había lugar para todos en los botes y que el barco se hundía irremediablemente, se subió a una baranda y se zambulló en el mar helado. No se supo más de él.
La familia perdió las esperanzas unas semanas después cuando su nombre no aparecía en las escuálidas listas de sobrevivientes. En Buenos Aires, un pequeño recuadro en un número de junio de 1912 (las noticias tardaban en llegar) daba cuenta de la desaparición del argentino en la catástrofe.
No se supo mucho más de él hasta que varias décadas después Winnie Trout contó su historia y resaltó el gesto desprendido, heroico y caballeresco de Edgardo. Ella siempre valoró que él le hubiera cedido su salvavidas para proteger su vida (aunque aún con el implemento no hubiera soportado la hipotermia provocada por el mar helado). Con su recuerdo ayudó a perpetuar la memoria de Edgardo Edward. Así ella rescató del olvido a quien le dio una oportunidad más.
En el momento en que Winnie era bajada a uno de los botes un hombre desesperado le puso en sus brazos un pequeño bebé que ella apretó contra su pecho. Cuando el Carpathia, el barco que extirpó del mar a los 705 sobrevivientes, rescató a Winnie ella todavía cargaba y arropaba a ese bebé de cinco meses. Winnie vivió hasta los 100 años. Aprovechó su longevidad para testimoniar sobre lo vivido en el naufragio.
“Las mujeres y los niños primeros” era un imperativo del mar que se cumplió con bastante rigor pese a la premura y la desesperación. Quienes se saltearon la máxima y eligieron resguardarse y obtener lugares a costa de otros, tuvieron una sobrevida incómoda. Fueron despreciados a partir de su llegada a tierra. Como el dueño de la empresa marítima que de inmediato se agenció un lugar en un bote sin importarle la suerte de la nave ni de los pasajeros. A Bruce Ismay, presidente de White Star Line, el repudio y el señalamiento de cobarde lo siguieron toda su vida.
En el año 2000 mientras se realizaban tareas de búsqueda de restos de la nave, se encontró una valija. Por su contenido se determinó con facilidad que pertenecía a Edgardo Andrew. Dentro de esa valija marrón percudida por el agua y el paso del tiempo había ropa, un gorro, dos cartas, postales, y otras pertenencias del argentino.
Violeta Constance Jessop:
Edgardo Edward no era el único argentino a bordo. También viajaba Violeta Constance Jessop, una bahiense que era una de las escasas mujeres que integraban la tripulación. Sólo 23 trabajaban en el barco y lo hacían como camareras. Ella atendía mesas en un salón de lujo de primera clase.
Violeta consiguió un lugar en un bote salvavidas conminada por un oficial que les exigía a algunas trabajadores que subieran y dieran el ejemplo a las pasajeras, ya que nadie quería aventurarse en las pequeñas estructuras de madera: las pasajeras seguían tomadas de los brazos de sus maridos. Todavía no eran conscientes de que no había lugar para todos. Uno de los tripulantes le puso, a ella también, intempestivamente un bebé en sus brazos. Ella lo abrazó y decidió que el mar no se lo arrancaría. Lo cuidó con desesperación hasta la llegada del rescate.
Pero ya en cubierta del Carpathia, una mujer envuelta con una manta llegó corriendo hasta ella y le arrancó el chico de los brazos mientras lo besaba entre lágrimas y gritos. La madre, cuando ya casi no tenía esperanzas, había recuperado a su hijo. En medio de la confusión le había dado la criatura al marido pensando que estaría más seguro en sus brazos pero alguien de la tripulación se lo quitó para ponerlo a salvo en un bote.
Varias décadas después, cuando Violeta ya era una anciana, alguien que no se identificó llamó a su casa para decirle que era ese chico y para agradecerle que le había salvado la vida.
Violeta había nacido en Bahía Blanca. Era la mayor de nueve hermanos. De chica se enfermó de tuberculosis. Todo la familia se mudó a Mendoza para que el aire andino mejorara su salud. Pero su padre murió y entonces la familia se trasladó a Inglaterra. Su madre, para mantener a los nueve hijos, comenzó a trabajar como camarera en distintos barcos. Violeta, apenas pudo, siguió sus pasos. A partir de ese momento trabajó 42 años en el mar.
Pero el rasgo distintivo de Violeta, lo sobresaliente en su historia de vida, es que no sólo sobrevivió a la debacle del Titanic sino también a otras dos. Violeta Jessop sobrevivió a tres naufragios. Probablemente un récord mundial.
En 1911, el Olympic chocó con un barco de guerra. El capitán del crucero era Edward Smith, el que luego comandaría el Titanic donde moriría cumpliendo otra ley del mar. La segunda vez, se sabe, Smith no tuvo tanta suerte como la primera en la que casi no hubo víctimas fatales.
Pero estos dos experiencias traumáticas -para cualquier otro- no amedrentaron a Violeta que siguió surcando los mares. En la Primera Guerra Mundial fue alistada en el buque Britannic, un barco hospital en el que ella oficiaba de enfermera. El 21 de noviembre de 1916, el Britannic (que antes se llamaba Gigantic pero fue rebautizado para que el nombre no fuera asociado con el Titanic) fue hundido en el Mar Egeo. El barco se precipitó en las profundidades a gran velocidad. En menos de una hora desapareció de la superficie. Eso no dio tiempo al orden en la evacuación. Varios botes salvavidas fueron tragados por las hélices.
Violeta se tuvo que tirar al agua. Pero en la caída se fracturó el cráneo. Uno de los tripulantes la vio sumergirse y la rescató tomándola de su largo pelo. Hubo 29 muertos. Naturalmente, Violeta no fue uno de ellos. Su destino final no estaba en el mar. Siguió navegando hasta 1950.
Violeta Jessop, la mujer con la que el mar nunca pudo, murió en Inglaterra, en su casa de campo, rodeada de vegetación y animales. Tenía 84 años.
El tesoro de las hermanas Masilotti:
El barrio Palermo encierra muchas historias, entre ellas una que involucra a la necrópolis capitalina.
Clara y Laura Masilotti, de origen italiano, arribaron a Montevideo desde los Estados Unidos en 1951 en búsqueda de un tesoro oculto aparentemente en el Cementerio Central, ubicado en la avenida Gonzalo Ramírez entre las calles Carlos S. Viana y Domingo Petrarca, en el Barrio Palermo.
Comenzados los trámites para la excavación con el gobierno uruguayo, la sociedad entera y sobre todo la iglesia estuvieron muy cerca de los sucesos. La prensa se mantuvo activa viendo los pasos de las hermanas y el pueblo uruguayo se dividió en dos, aquellos que apoyaban a las hermanas Masilotti y quienes no estaban de acuerdo en que se realizaran las excavaciones en camposanto junto con la iglesia católica.
Clara Masilotti, había llegado con un mapa muy viejo que se lo había dejado su padre, donde el mismo había anotado donde estaba ubicado el tesoro, figurando los nombres de las calles Gonzalo Ramírez, Yaguarón y Ejido. Marcando el tesoro más precisamente en un costado del Panteón Nacional, en la entrada del camposanto. A su vez, contaban con un inventario de lo que contenía el tesoro, como piedras preciosas, diamantes, oro, coronas de reyes, obras de arte, pinturas de Miguel Ángel, documentación histórica valiosa e incluso objetos provenientes de los incas.
Era incalculable el valor de todas esas reliquias que se hallaban bajo el piso de la necrópolis montevideana, plagada de túneles y catacumbas. La seguridad de dichas hermanas era tanta, que buscaron el apoyo de reconocidos abogados, entre ellos el ex presidente Juan José de Amezaga y movilizaron al país hasta lograr la aprobación para excavar.
La primera excavación se realizó el 21 de mayo de 1951, sobre el lado oeste del cementerio. Fue tanta la concurrencia del pueblo que decidieron realizar los trabajos en la noche, para permitir tranquilidad a quienes fueran a visitar a sus difuntos y no se sintieran rodeados de máquinas, prensa y espectadores. Pasadas dos semanas, no lograron encontrar rastros de dicho tesoro y esto desencadeno diversas teorías de su origen.
Algunas personas afirmaban que Don José María Mastai Ferretti, posteriormente nombrado Papa Pio IX, visitó Montevideo donde mantuvo un romance del cual surgió un niño, él mismo habría enviado el tesoro como obsequio para su decendencia. Ese niño, sería el padre de las hermanas Carla y Laura. Por otro lado, se dice que fue el quien lo dejo escondido en la casa de Manuel Ximénez Gómez, donde Mastai vivió un tiempo.
Otra de las historias afirma que el abuelo de las hermanas era un cardenal italiano, que fue excomulgado por la iglesia católica en 1750 y posteriormente, engaño a la gente pidiendo donaciones en varios lugares hasta lograr un enorme tesoro; al levantar sospechas, huyó a Uruguay. Para pasar desapercibido, se alistó en el regimiento de Garibaldi y fue en su casa donde escondió el tesoro hasta que falleció una de sus hijas, Rosa y decide enterrarla con el tesoro en el Cementerio Central. La intención fue mantener el tesoro seguro durante muchos años.
El padre de las hermanas Masilotti, viaja en dos ocasiones a nuestro país en búsqueda del tesoro enterado junto a Rosa, sin tener suerte. La primera, en 1874 durante el gobierno de José Ellauri, cuando termina preso por ser considerado sospechoso. Treinta años después, en 1904 decide volver a Uruguay cuando nos encontrábamos en plena Guerra Civil; donde recibe un disparo en el momento que intenta abrir la tumba donde se encontraría el tesoro y escapa a Estados Unidos sin haber logrado su cometido.
El segundo intento de hallazgo por Laura y Clara, se da en el año 1956, también dentro del cementerio. Las hermanas Masilotti ya estaban algo impacientes al ver que no se lograban resultados positivos. Hay registros que dicen que, en ese mismo año, un periodista de “El Diario”, Humberto Dolce, para avivar la llama de los acontecimientos, tiraba monedas en los pozos para realizar notas sobre los primeros hallazgos del tesoro y así mantener a la sociedad comprometida e interesada en el caso.
El tercer y ultimo intento, fue en 1971, donde tampoco tuvieron éxito. 20 años de búsqueda agotaron a las hermanas que decidieron dejar de buscar el famoso tesoros que no solo les había llevado tiempo, sino mucho dinero invertido.
Existen varias teorías sobre el porque nunca se encontró el tesoro en el cementerio, una de ellas alude al temporal de julio de 1923, donde gran parte de la rambla montevideana se vio azotada por olas de 3 metros de altura y vientos de 150 km / h, que probablemente, la naturaleza se haya hecho cargo del tesoro o sigua enterrado en algún túnel por debajo de nuestra rambla.
Otra de las teorías, es la puerta de acceso al cementerio, se cree que las hermanas se confundieron al leer las coordenadas ya que la puerta de entrada principal no era por la Av. Gonzalo Ramírez, sino por Carlos S. Viana.
También se rumora, que los cuerpos podían haber sido trasladados debido a obras realizadas en el cementerio, perdiendo allí la ubicación del tesoro.
Otra de las posibilidades es que las hermanas nuevamente al interpretar mal el mapa no tuviesen en cuenta que “Cementerio Central o Municipal” hay en todos los departamentos del país, y el de Salto, es muy similar a los dibujos que ellas presentaron.
Pero la teoría que más popularidad gana es la de la Fábrica Strauch & CIA, ubicada en la vereda de enfrente del cementerio Central de Montevideo, donde excavaron muy profundo para construir una fábrica, donde encontraron túneles y en ellos el tesoro. Agradecidos por esto, crearon una marca de jabones de creolina que llamaron “La buena estrella” con un logo de una estrella de cinco puntas (que se puede vincular a la masonería, Garibaldi y Masilotti). A su vez, el hermano del dueño de dicha fábrica, tenia una joyería ubicada en la calle 25 de mayo.
Hay un sinfín de teorías, entre ellas se rumoró que Clara y Laura Masilotti hallaron el tesoro en sus 20 años de búsqueda, pero no quisieron que la prensa se enterara por lo cual nunca lo hicieron público.
Nunca sabremos si el tesoro existió, si las hermanas pudieron encontrarlo o si fue la inversión que necesitaba una fábrica para volverse millonarios. Lo que, si nos consta, es que se convirtió en una de las historias más contadas y seguirá pasando de generación en generación.








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