EMIGRANTES ARGENTINOS... LEJOS DE CASA:

El Gobierno divulgó cuántos argentinos estarían viviendo en el exterior y los principales países donde se asentaron:


El ranking de los 20 países con mayor cantidad de argentinos residentes estaba, al menos hasta 2023, encabezado por España, Estados Unidos, Italia, Brasil, Paraguay y Uruguay. Le siguen Chile, Israel, México, Alemania, Bolivia, Canadá, Australia, Reino Unido, Perú, Francia, Suiza, Venezuela, Colombia y Ecuador.

Se estima que son 1.803.000 los argentinos que emigraron desde 2013 hasta 2023.

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COMUNIDAD ARGENTINA EN EL MUNDO:
Lejos del país, los argentinos nos encontramos para ayudarnos y conservar las costumbres de nuestra tierra.




PARA TENER EN CUENTA:

Una encuesta reveló que el 32% de los jóvenes argentinos se iría a vivir a otro país. Pero, ¿qué pasa una vez afuera? Emigrar trae aparejadas dificultades: desde soledad y problemas de salud mental hasta barreras culturales, laborales y burocráticas que ponen en jaque ese proyecto.

El informe se tituló "Jóvenes: valores, política y democracia", fue desarrollado en conjunto entre Pulsar UBA (uno de los observatorios que integra Igedeco, el instituto de la Facultad de Ciencias Económicas) y la Asociación Conciencia, y buscaba indagar sobre qué piensan y esperan los jóvenes de entre 16 y 19 años de su futuro.

Y es que no es una novedad que los jóvenes a menudo quieran viajar para conocer o fantasear con la posibilidad de trasladarse a algún lado para experimentar. Pero… ¿es emigrar tan simple como armar la valija e irse?

Maximiliano González (32) tiene una respuesta. Viajó un 28 de octubre de 2024 a Italia con intenciones de obtener la ciudadanía y con más ilusiones que certezas. No tenía parientes que hubieran hecho ese viaje ni tampoco idea sobre cómo hacerlo, salvo la experiencia de una conocida.

Inicialmente, se radicó en aquel pueblito de 800 habitantes donde “el idioma era muy cerrado”. Ahí, la preparación de la carpeta de ciudadanía fue un desafío porque las apostillas preparadas en Valladolid (España) no fueron aceptadas en aquella comuna. El costo: aseveraciones adicionales por 800 euros y un mes más de espera. “Tuvimos que desembolsar parte de nuestros ahorros”, relató. Entonces, vivía con su sobrino Kevin.

Después se mudó a Palermo, Italia, donde estuvo dos meses trabajando como técnico de garantía en Samsung. Destaca como contrapunto los “sueldos muy bajos del sur” y la soledad, que se volvió una constante cuando Kevin se fue a Roma y él se quedó solo. “Fue lo más duro”, recuerda hoy.

En Alimena, Maxi y Kevin cocinaron y vendieron medialunas. “Para mí nunca fue un problema porque hago de todo”, dijo Maxi.

Luego le ofrecieron un puesto como técnico para trabajar en una empresa de agroturismo familiar en San Donà di Piave, cerca de Venecia. En el norte, “el idioma fue mucho más fácil y fluido” y sus patrones le proporcionaron alojamiento, una camioneta y un sueldo de 2.200 euros mensuales. “Yo hacía la conversión y era muchísimo más que en Argentina”, rescató.

Las videollamadas cada fin de semana fueron su ancla con Argentina durante los seis meses allí. Pero a pesar de estar conectado, la falta de interacción física se sentía igual. “Me preguntaba qué estarían haciendo mis amigos, mi familia subía fotos y pensaba… ‘¿qué es lo que me tiene acá?’, un día no encontré un porqué”.

Volvió el 16 de diciembre pasado de cara a las fiestas en Argentina, movilizado por un problema de salud que atravesaba su mamá. Duró un año y dos meses.

"Es mucho más difícil de lo que uno cree"

Matías Rodríguez (35) y su novia viajaron a Orvieto (Italia) en 2024, un pequeño pueblo ubicado entre Roma y Florencia. Como Maxi, se trasladaron a Europa con el objetivo de tramitar allí la ciudadanía Y tener una experiencia profesional.

“Tomamos la decisión sabiendo que íbamos a volver a Argentina en algún momento; lo que no sabíamos era si dentro de uno, dos o diez años…”, contó el ingeniero agrónomo oriundo de América, un pueblo de Buenos Aires. Ahí, tanto él como su pareja atravesaban un buen pasar económico. Sin embargo y aún con la certeza de que podían volver a esa vida, el paso por Italia nunca se sintió del todo cómodo.

Lo que más extrañó fue su rutina en Argentina. “No existe juntarse en la semana o que te inviten a un cumpleaños”, graficó. Para él, son etapas emocionales. Al principio “es todo maravilloso porque llegas con la adrenalina de algo nuevo”; luego “te das cuenta que es mucho más difícil de lo que uno cree”.

Matías se adaptó bien al trabajo en el campo; en cambio, le costó la parte afectiva fuera del país.

Después de un año, la vuelta se tornó inminente y no esperó los papeles. Decidieron regresar faltando dos meses para obtener la ciudadanía. “Parecía que íbamos a estar mucho más”, reflexionó sin arrepentimientos sobre la experiencia que define como “rara”.

Para Matías, “en las redes sociales se ve un mundo que no es”.

Historias como estas no son excepcionales. “La mayoría de la gente no está informada sobre qué pasa afuera, tiene expectativas por lo que transmiten los medios de comunicación o el conocimiento bastante vago de gente que se ha ido y le ha ido bien…”, opinó Roberto Salvador Aruj, Doctor en Sociología y Director del Instituto de Políticas Migratorias y Asilo (IPMA) de la Universidad Nacional Tres de Febrero.

El especialista relativizó el estudio disparador al considerar, mínimamente, dos elementos fundamentales: Uno, que la decisión migratoria se basa en procesos complejos; otro, el migrar como una vía de escape: “para evitar el derrumbe personal se opta por tratar de escapar de esa situación angustiante a la manera de un callejón sin salida”, dice en su libro Migraciones, disciplinamiento y control global, publicado en 2015.



PERO NO A TODOS LES FUE MAL:

Giancarla Bourrián, Estados Unidos:

Giancarla vive en Miami, Florida hace casi 9 años. Se mudó en 2011 con su familia y, si bien pensó infinitas veces en volver a vivir a Argentina (sobre todo durante el gobierno de Mauricio Macri), hoy en día está convencida de que prefiere volver solamente por unos días a visitar.

La decisión de mudarse a Estados Unidos no fue fácil; la familia acordó partir luego de presenciar un hecho delictivo en plena Capital Federal. “Mi papá se cansó de la inseguridad que había y sigue habiendo en Argentina y no quería seguir viviendo en un país en el que no se sabía qué nos podía llegar a pasar”, cuenta. 

“Tuve que resignar mi vida entera para mudarme -dice Giancarla- desde mi familia y mis amigas desde los tres años hasta mi casa, y partí hacia un mundo nuevo que no sabía cómo me iba a esperar”. Terminó en Miami los últimos años cuatro años de secundaria: según dice, le costó “horrores” asentarse y acostumbrarse al colegio norteamericano tanto en lo personal como en lo académico. Por un lado, sabía que iba a perderse los “mejores años” con sus amigas de la infancia y, por el otro, era consciente de que su nivel de inglés no estaba a la altura.

Sin embargo, después de años de dudas y obstáculos, se graduó y comenzó a estudiar la carrera de Business en la Florida International University (FIU). “Una vez que entré a la facultad trabajé un montón para demostrar que mi lugar ahí valía y me terminé graduando antes de tiempo, con honores, y con uno de los mejores promedios”, exclama con alegría; “poder llegar a eso después de lucharla tanto fue todo un logro personal”.

«Gracias a mis amigas argentinas que siempre estuvieron presentes, y a mis amigos de Miami, que me demostraron que también puedo ser feliz en este país», escribió en Instagram.

Hoy, con 23 años, Giancarla trabaja en una Compañía start-up, y piensa que vivir en Estados Unidos fue (y sigue siendo) una gran oportunidad. “Varias veces pensé en mudarme de vuelta a Argentina, pero nunca lo terminé de concretar”, comenta. “Aunque en su momento eso era lo que más quería, sé que vivir en Miami es una oportunidad que no muchas personas tienen”, dice, y admite que, también, la situación económica actual de Argentina influye en su decisión de seguir viviendo en el exterior.


Bárbara Ciámpoli, Alemania:

“Yo siempre había tenido como idea irme a trabajar y a estudiar”, cuenta Bárbara, quien vive hace un año en Steinfurt, una ciudad “chiquita” de treinta mil habitantes al norte de Alemania. Ya había vivido en esa ciudad hace unos tres años gracias a un intercambio con la facultad, pero ahora, después de haber conocido allí a su actual novio y de haber experimentado en primera persona cómo era el estilo de vida, decidió mudarse indefinidamente. 

En el 2019 se recibió de ingeniera química en la Universidad de Buenos Aires. Ahora, en Alemania, Bárbara trabaja mientras estudia para la maestría que está realizando, por lo que su día a día, en comparación con la rutina que llevaba en Argentina, no es muy diferente. “Como acá sigo siendo estudiante, no siento que haya habido un cambio grande –cuenta–. Lo que sí cambió fue que estoy hace unos meses conviviendo con mi novio”. 

Tampoco le costó asentarse: “No soy particularmente muy dependiente de las cosas ni de la gente, por lo que no me costó. De hecho, me hice un grupo de amigos bastante rápido acá en la facultad”. Igualmente, acepta que tuvo que renunciar al hecho de poder compartir “en vivo y en directo” los eventos como cumpleaños, salidas, etc. con su familia y amigos. “También renuncié a mi trabajo en Buenos Aires que me gustaba mucho”, dice, pero reconociendo que ella sabía qué era lo que quería: el objetivo final era mudarse a Alemania. 

Aunque siga estudiando, Bárbara trabaja en un estudio de ingeniería en donde diseñan y hacen los cálculos energéticos para colocar calefacciones y losas radiantes en edificios y diferentes viviendas. “Trabajo doce horas por semana y gano 10 USD brutos por hora. Eso es casi lo que ganaba trabajando en una empresa multinacional en Argentina, estando recibida y trabajando full time”, comenta. 

¿Le gustaría volver al país en algún momento? Claro, pero de vacaciones; “a vivir no lo veo como plan”, dice. Por más que extrañe las reuniones familiares, las salidas con amigos, el asado y la chocotorta, declara que no puede comparar la calidad de vida que uno puede mantener en Alemania con la de Argentina. “Allá [en Argentina] hay que hacer el doble de esfuerzo, y ni siquiera se puede llegar a obtener lo mismo”, explica. 


Sofía Wagner, Australia:

Oriunda de Necochea, Sofía Wagner viajó hace un año y medio a Australia y vive desde fines del año pasado en Manly, Sydney. Viajar siempre estuvo en su sangre: “Yo había tenido ya otra experiencia viviendo en el exterior por menos tiempo; había hecho un Work & Travel a Estados Unidos dos veces durante cuatro meses cada vez”, cuenta. Cuando volvió de su segunda experiencia en el 2017, se recibió de la carrera de Relaciones Públicas y comenzó a trabajar. 

“Mi vida era solamente trabajar, mi sueldo era tan bajo que no me alcanzaba para mantenerme sola y mucho menos para irme de vacaciones”, comenta. Fue ahí cuando se dio cuenta de que, además del factor económico, le pesaba muchísimo la rutina y la monotonía del día a día, y decidió emprender viaje y comenzar una nueva vida en Australia.

“Allá es muy sencillo conseguir trabajo y un lugar para vivir –dice Sofía–; me costó más la parte emocional, me sentí rara como un mes”. Según su experiencia, a la semana de haber llegado ya la habían llamado de tres trabajos. “Es un país que abre bastante las puertas”, menciona. Actualmente trabaja en un Warehouse o “depósito”, en donde empresas almacenan su mercadería para distribuir después. “Hace una semana estoy trabajando ahí –comenta– pero este año y medio mi trabajo principal siempre fue ser cleaner o trabajar en house kipping”, es decir, limpiar hoteles, departamentos o casas de familia. Además, fue moza en dos restaurants.



QUE ES LO QUE MÁS SE EXTRAÑA?:

Leen diarios y oyen radios argentinas por Internet, y buscan conectarse con otros compatriotas que estén afuera para compartir costumbres.

1. La familia

Somos familieros como pocos y sin dudas es una de las cosas que más se extraña cuando se está en el exterior. Una reunión familiar, el almuerzo del domingo, una cena, un festejo de cumpleaños. Cuando estás afuera son esos pequeños momentos en los que no está el ruido de la familia lo que hace que los extrañes más que nunca. 

2. Los amigos


Son parte de nuestro día a día y el tenerlos lejos puede resultar muy triste. Si bien cuando viajás y te acomodás en el exterior conocés otra gente y hacés nuevos amigos, no es lo mismo. Los amigos de siempre, esos que te conocen de chico, esos que saben de tus anécdotas más divertidas, a esos se los extraña ¡y un montón!

3. Ir a ver a tu equipo

Te guste o no el fútbol o el deporte que sea, ir a alentar a tu equipo se extraña sin duda alguna. ¡Incluso si es en el que juega tu hijo con sus amiguitos! El sentimiento del hincha se puede reemplazar, pero la pasión que sentís desde siempre nunca va a cambiar de color.


4. El asado del domingo

Un clásico, ¡la comida! El asado es tan solo el ejemplo, puede ser cualquier variedad que te encante y no la consigas en donde estés viviendo. Milanesas con papas fritas, empanadas, ¡todo! Tu comida, la de siempre, esa SE EXTRAÑA.

5. La cultura del día a día

La música, ir al cine en tu idioma, ver una película nacional o ir al teatro. Tu cultura se extraña, por más que te encante la nueva y te adaptes a ella. ¿O no?

6. El mate con facturas

Un mate con facturas entre amigos, ir a una plaza, tomar la merienda, juntarse un fin de semana con amigos. Tus costumbres se extrañan cuando estás lejos. Seguro hayas encontrado algunas nuevas que las reemplacen, pero ¡no es lo mismo!

7. La calidez argentina

Los argentinos tenemos nuestras cosas, pero a la hora de la amistad y la solidaridad somos únicos (o eso creemos). La calidez argentina, la ayuda colectiva entre los tuyos se siente en falta cuando estás en el exterior.


Si bien cada vez es más fácil estar conectados desde cualquier parte del mundo, no es fácil no extrañar algunas cosas que sólo se pueden vivir. Hoy chateamos por Whatsapp, nos vemos por Skype y hasta podemos compartir momentos únicos con familiares y amigos que viven en el exterior, pero sin dudas las costumbres se extrañan. Y vos, ¿qué es lo que más extrañas?





MÚSICOS ARGENTINOS EN EL EXTERIOR:


¿Cuándo y por qué te fuiste de Argentina? ¿A dónde te instalaste definitivamente y por qué? Contános como es la escena de jazz donde vivís actualmente.
ANDRÉS: Vivo lejos de Argentina hace más de 11 años, en mi caso mudé a otro país en mi mejor momento hasta aquel entonces. Me instalé en Boston gracias a una beca que me permitió estudiar en Berklee en donde completé mis estudios. Con el mismo objetivo de seguir progresando en la música, llegué a la ciudad de Nueva York en donde vivo hace más de 8 años. La escena de jazz en esta ciudad es excepcional, sin lugar a dudas.
 
EMILIO: Me fui el 95. Porque viví todo el florecimiento cultural de la democracia en el 83, con decenas de lugares donde tocar, programación cultural del estado y de la ciudad,  cosa que el gobierno de Menem se encargó de destrozar. Me dije: si lo vuelven a votar, me voy. Lo volvieron a votar. Me fui. Me instalé en Barcelona porque conseguí trabajo ahí con Cecilia Rosetto, y yo quería irme a Europa como fuera. Llegaban noticias sobre un continente con pianos afinados y donde te pagaban por tocar  “esa música”, y tenía que saber si tal paraíso era posible. Viví allí 10 años y en el 2006 me mude a Nueva York. ¿Por qué? Creo que porque soy muy vago y entonces siempre me meto en lugares donde la ropa me queda grande, porque me obliga a crecer a mí. Estoy en Nueva York… Me gusta levantarme cada día sabiendo que voy a quedar como un idiota otra vez más  y que tengo que seguir estudiando como si acabara de empezar. Así es acá, siempre sos nadie, y es maravilloso.
 
FERNANDO: Me fui de Argentina en el verano de 1988 para estudiar en Berklee College of Music en Boston, donde terminé instalándome. Comencé a enseñar en Berklee en 1996 lo que contribuyó a que hiciera de Boston mi residencia permanente. Es una hermosa ciudad con muchísimos estudiantes de música y excelentes músicos profesionales lo que hace que haya una escena de gran nivel en todos  los estilos musicales que se renueva gracias a escuelas como Berklee, New England Conservatory y Boston Conservatory.
¿Qué música te gusta hacer? ¿Cuáles fueron tus influencias?
 
ANDRÉS: Mis influencias fueron variadas a través de los años, aunque siempre me gustó encontrar a la canción dentro de cualquier música; Beatles, Charly García, Pedro Aznar, Fito Páez, Charles Mingus, Horace Silver, entre muchísimos otros. Siempre busco la canción que resuene en mis emociones, esa es la música que me gusta hacer.
 
EMILIO: Algunos le llaman tango-jazz, no sé, digamos que  sale del tango y el folklore y toma armonías del jazz moderno y la música contemporánea. Las formas vienen más de mi formación clásica, me gusta escribir, desarrollar. No soy mucho de tema-solos-tema. Influencias: Piazzolla, Cuchi, Bach, Stravinski,  Cortázar, Borges, Yes, Génesis, Beatles, Brad, Herbie, Miles, Coltrane, Debussy, Ravel, la Sosa, Hugo Díaz, Ariel Ramírez, Jaime Torres, Kurosawa, Arlt, Buenos Aires, Troilo, Mendoza, Nueva York, el chango Farías, Brookmeyer, Gil Evans, Thad, Saluzzi, Jarret, Egberto, Bartok, Fellini,  Pugliese, Kusturica , Capusotto, Jarret, Aca Seca, Hernán Lugano, Schissi…
 
FERNANDO: Con mi quinteto tocamos música original y arreglos influenciados por folklore y tango argentino mezclados con jazz. Mi nuevo disco “Hashtag” editado por el sello Zoho salió este año. Participaron en él dos grandes músicos argentinos, Franco Pinna en la batería y Leo Genovese en el piano y Fender Rhodes. Completan el quinteto Yulia Musayelyan, flautista rusa y Rick DiMuzio saxofonista tenor norteamericano. Tengo muchísimas influencias de distintos estilos, músicos y compositores, sería muy largo enumerar todas.
¿Qué posibilidades sentís que hay fuera de Argentina que no hay acá?
 
ANDRÉS: En mi experiencia de vivir en Nueva York siento que son geniales las facilidades de viajar por el mundo de la mano de la música; en los últimos años viajé por 37 países en América del Sur y del Norte, África, Asia y Oceanía. También siento que el trabajo de la música está muy bien reconocido en todo sentido aquí; ya sea en el respeto de la gente en general como en lo económico. Una de las cosas que más me fascinan del lugar en donde vivo es la posibilidad enriquecedora de conocer músicos tremendos de todo el mundo y de todos los estilos, con quienes colaborar en diferentes proyectos musicales.
 
EMILIO: Circuitos más establecidos con pianos afinados y programación permanente donde se cobra por tocar, o sea, es un trabajo, como cualquier otro, no solo una “vocación”.
 
FERNANDO: La primera razón es que se puede tocar con músicos de todo el mundo y hay posibilidad de tocar distintos estilos.  Al haber tantos músicos de gran nivel  en Boston, estoy siempre tocando con muy buenos músicos lo que ayuda a crecer y mejorar. Enseñar en Berklee es otra razón. Es muy inspirador enseñar junto a increíbles profesores a jóvenes y talentosos estudiantes. Hay una gran energía. También es más fácil llegar a tocar en Europa y en Asia desde Estados Unidos que desde Argentina.
¿Qué influencia sentís que tenés por ser argentino en tu sonido? ¿Sentís que afuera se aprecia eso?
 
ANDRÉS: Obviamente uno lleva el acento del lugar de donde viene, y eso es algo siempre positivo. En Argentina, los de mi generación crecimos y nos formamos con la influencia de estar rodeados de una variedad importante en lo cultural; música, teatro y arte en general. Siento que afuera se aprecia mucho a los músicos argentinos, en especial a los que muestran su identidad con influencias del folclore, el tango y la música de América Latina.
 
EMILIO: Todas. La manera de frasear, el sonido trabajado tantos años con la increíble Susana Kassakoff, mi profesora en Buenos Aires. Claro que se aprecia, te diría más: es la única manera de lograr un lugar en un mercado tan competitivo y con música y músicos tan buenos: tener un sonido, un “acento” propio. Si pretendes tocar o escribir “mejor” que los demás, vas listo. Pero lo “distinto” siempre se aprecia y se busca, siempre que sea honesto.
 
FERNANDO: Estoy muy influenciado por la música argentina, principalmente por el folclore y el tango. Hay un reconocimiento mundial por el tango  y en menor medida al folclore.  Creo que nuestro desafío como músicos de jazz argentinos es consolidar un sonido propio combinando estas influencias con música contemporánea o jazz.
¿Qué pensás que tendría que cambiar en argentina para poder ofrecer a los músicos las posibilidades que vos encontraste afuera?
 
ANDRÉS: Argentina es un país con una propuesta artística y cultural de impresionante calidad, sin lugar a dudas ofrece oportunidades interesantes para que cada músico pueda crecer en todo sentido. Uno se puede quejar de cada lugar y querer tener lo que pasa afuera, en otro lado. Cada lugar es diferente y hoy yo vivo lejos de Argentina por una búsqueda que jamás podría encontrar ahí; eso no quiere decir que sea mejor o peor, simplemente diferente. Cada lugar va evolucionando —o lo contrario— según quien lo mire, y según cada momento. Los músicos tenemos ese gen de trotamundos y por eso les recomiendo a todos que hagan lo posible por viajar y ver al mundo con sus propios ojos, seguramente va a influenciar positivamente a lo que tienen que decir con su música y borrar un poco esas fronteras imaginarias que tanto mal nos hacen.
 
EMILIO:  Ja ja ja… ehhh, ¿Conocés el chiste de cuando Dios hizo el mundo, y se dio cuenta de todo lo que le había dado a la Argentina, el campo, el sur, el norte, mar, montaña, riqueza por todos lados? y dijo: mmm, tengo que compensar: ¡voy a poner acá a los Argentinos! Somos termitas, de las sociedades más autodestructivas que he visto jamás,  expertos en todo, los más vivos, con presidentes que se jactan de manejar una Ferrari a 200 km/h en la ruta y donde el “piola” es el que cobra sin laburar o no paga impuestos, coimeamos a la poli para que no nos haga la multa, en vez de respetar el semáforo rojo, y así somos de los países con más mortandad por accidentes de tráfico. Pero después la culpa es de los políticos que son todos corruptos…siempre el culpable es el otro.  ¿Qué tendría que cambiar? ¡Nosotros! Tendríamos que importar inmigración de Alemania y Japón, unos 2 millones de personas… seríamos una sociedad menos divertida sin duda, pero funcionaríamos. ¿Qué te jugas que esta misma respuesta me genera un montón de puteadas? Siempre estamos listos a matar al mensajero, pero nunca a hacer autocrítica sobre el mensaje.
 
FERNANDO: Creo que ha habido bastante apoyo para los músicos desde el gobierno nacional y los municipios. Se promulgó la Ley del Músico. Veo que hay muchos festivales y artistas en radio y televisión. El apoyo es bastante mayor que el que reciben los músicos en Estados Unidos del gobierno, que es casi nulo. Espero que continúe el apoyo a los músicos de todos los estilos desde el gobierno para promover la cultura en el país.
 
¿Cómo ves la escena de jazz argentino actual?
 
ANDRÉS: Sinceramente estoy muy desconectado de la escena del jazz argentina, cuando vuelvo a Argentina lo que más me llama la atención y me atrae profundamente a volver es la escena de la canción, la de los cantautores.
 
EMILIO: ¡Riquísima, como siempre! Somos una máquina de fabricar gente con talento, con ideas, con personalidad artística y voz propia… siempre creí que las condiciones adversas tienen mucho que ver en eso, la dificultad nos hace muy creativos, y muy fuertes. Y ego no nos falta para nada, que siempre ayuda a la hora de abrir puertas, de que el viento en contra no te arrase.
 
FERNANDO: He escuchado música increíble de Argentina. No sólo del ámbito del jazz. Hay grandes músicos en todo el país y músicos jóvenes haciendo cosas muy valiosas. Varios de mis mejores amigos son talentosísimos músicos tocando y creando allá. El nivel general parece haber mejorado mucho lo que me alegra enormemente.
 
 
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EMILIO SOLLA, el pianista nominado al Grammy, Emilio Solla, obtuvo su licenciatura en piano clásico en el Conservatorio Nacional de Música de Buenos  Aires y su Maestría en Composición de Jazz en el Queens College de Nueva York.
Hoy en día, con siete álbumes como líder banda (Fresh Sound Records) y más de 40 como arreglista / productor, es considerado por sus colegas y la crítica como uno de los artistas más destacados y personales en esta corriente musical, una fusión de tango argentino moderno y popular con el jazz y otros estilos de música contemporánea -generalmente conocida como “Tango-Jazz”
La Inestable de Brooklyn, con algunos de los más reconocidos músicos de jazz de la escena neoyorkina (John Ellis, Ryan Keberle) cuyo primer CD, Second Half (2014) fue nominado para los premios Grammy 2015  como Mejor Álbum de Jazz Latino. Actualmente es profesor en el Conservatorio de Música de Brooklyn.
ANDRÉS ROTMISTROVSKY es bajista, productor musical y docente argentino graduado con honores de la prestigiosa Berklee College of Music.
  Ha tocado en los escenarios más reconocidos en el mundo, como Blue Note Jazz Club, Montreux Jazz Festival, Carnegie Hall, Lincoln Center y Latin Grammys con artistas de la talla de Joan Baez, Rubén Blades, La Mala Rodríguez, León Gieco, Paquito D’Rivera y Marta Gómez.
  Andrés ha dictado talleres de música en casi todo el mundo. Actualmente es endorser de bajos Sukop, bajos Lorita, bajos Traveler Guitar, amplificadores Aguilar, efectos Source Audio y fundas Reunion Blues.
FERNANDO HUERGO, es un bajista cordobés y profesor en Berklee College of Music donde se graduó en 1992. Huergo ha desarrollado una vasta carrera como sesionista con más 140 álbumes grabados, incluyendo 10 como líder y compartiendo escenarios en América, Europa y Asia con algunos de los más influyentes músicos de su generación.

 

Actualmente lidera el “Fernando Huergo Jazz Argentino Quintet”, “The Jinga Quintet” y es parte de los grupos de Guillermo Klein y Los Guachos, Marta Gomez, Mehmet Sanlikol, Leo Blanco, Daniel Ian Smith, Mozik, El Eco, Pablo Ablnedo Octeto y muchos otros.

CACHO CASTAÑA - SEPTIEMBRE DEL 88



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