El Gobierno divulgó cuántos argentinos estarían viviendo en el exterior y los principales países donde se asentaron:
El ranking de los 20 países con mayor cantidad de argentinos residentes estaba, al menos hasta 2023, encabezado por España, Estados Unidos, Italia, Brasil, Paraguay y Uruguay. Le siguen Chile, Israel, México, Alemania, Bolivia, Canadá, Australia, Reino Unido, Perú, Francia, Suiza, Venezuela, Colombia y Ecuador.
Una encuesta reveló que el 32% de los jóvenes argentinos se iría a vivir a otro país. Pero, ¿qué pasa una vez afuera? Emigrar trae aparejadas dificultades: desde soledad y problemas de salud mental hasta barreras culturales, laborales y burocráticas que ponen en jaque ese proyecto.
El informe se tituló "Jóvenes: valores, política y democracia", fue desarrollado en conjunto entre Pulsar UBA (uno de los observatorios que integra Igedeco, el instituto de la Facultad de Ciencias Económicas) y la Asociación Conciencia, y buscaba indagar sobre qué piensan y esperan los jóvenes de entre 16 y 19 años de su futuro.
Y es que no es una novedad que los jóvenes a menudo quieran viajar para conocer o fantasear con la posibilidad de trasladarse a algún lado para experimentar. Pero… ¿es emigrar tan simple como armar la valija e irse?
Maximiliano González (32) tiene una respuesta. Viajó un 28 de octubre de 2024 a Italia con intenciones de obtener la ciudadanía y con más ilusiones que certezas. No tenía parientes que hubieran hecho ese viaje ni tampoco idea sobre cómo hacerlo, salvo la experiencia de una conocida.
Inicialmente, se radicó en aquel pueblito de 800 habitantes donde “el idioma era muy cerrado”. Ahí, la preparación de la carpeta de ciudadanía fue un desafío porque las apostillas preparadas en Valladolid (España) no fueron aceptadas en aquella comuna. El costo: aseveraciones adicionales por 800 euros y un mes más de espera. “Tuvimos que desembolsar parte de nuestros ahorros”, relató. Entonces, vivía con su sobrino Kevin.
Después se mudó a Palermo, Italia, donde estuvo dos meses trabajando como técnico de garantía en Samsung. Destaca como contrapunto los “sueldos muy bajos del sur” y la soledad, que se volvió una constante cuando Kevin se fue a Roma y él se quedó solo. “Fue lo más duro”, recuerda hoy.
En Alimena, Maxi y Kevin cocinaron y vendieron medialunas. “Para mí nunca fue un problema porque hago de todo”, dijo Maxi.
Luego le ofrecieron un puesto como técnico para trabajar en una empresa de agroturismo familiar en San Donà di Piave, cerca de Venecia. En el norte, “el idioma fue mucho más fácil y fluido” y sus patrones le proporcionaron alojamiento, una camioneta y un sueldo de 2.200 euros mensuales. “Yo hacía la conversión y era muchísimo más que en Argentina”, rescató.
Las videollamadas cada fin de semana fueron su ancla con Argentina durante los seis meses allí. Pero a pesar de estar conectado, la falta de interacción física se sentía igual. “Me preguntaba qué estarían haciendo mis amigos, mi familia subía fotos y pensaba… ‘¿qué es lo que me tiene acá?’, un día no encontré un porqué”.
Volvió el 16 de diciembre pasado de cara a las fiestas en Argentina, movilizado por un problema de salud que atravesaba su mamá. Duró un año y dos meses.
"Es mucho más difícil de lo que uno cree"
Matías Rodríguez (35) y su novia viajaron a Orvieto (Italia) en 2024, un pequeño pueblo ubicado entre Roma y Florencia. Como Maxi, se trasladaron a Europa con el objetivo de tramitar allí la ciudadanía Y tener una experiencia profesional.
“Tomamos la decisión sabiendo que íbamos a volver a Argentina en algún momento; lo que no sabíamos era si dentro de uno, dos o diez años…”, contó el ingeniero agrónomo oriundo de América, un pueblo de Buenos Aires. Ahí, tanto él como su pareja atravesaban un buen pasar económico. Sin embargo y aún con la certeza de que podían volver a esa vida, el paso por Italia nunca se sintió del todo cómodo.
Lo que más extrañó fue su rutina en Argentina. “No existe juntarse en la semana o que te inviten a un cumpleaños”, graficó. Para él, son etapas emocionales. Al principio “es todo maravilloso porque llegas con la adrenalina de algo nuevo”; luego “te das cuenta que es mucho más difícil de lo que uno cree”.
Matías se adaptó bien al trabajo en el campo; en cambio, le costó la parte afectiva fuera del país.
Después de un año, la vuelta se tornó inminente y no esperó los papeles. Decidieron regresar faltando dos meses para obtener la ciudadanía. “Parecía que íbamos a estar mucho más”, reflexionó sin arrepentimientos sobre la experiencia que define como “rara”.
Para Matías, “en las redes sociales se ve un mundo que no es”.
Historias como estas no son excepcionales. “La mayoría de la gente no está informada sobre qué pasa afuera, tiene expectativas por lo que transmiten los medios de comunicación o el conocimiento bastante vago de gente que se ha ido y le ha ido bien…”, opinó Roberto Salvador Aruj, Doctor en Sociología y Director del Instituto de Políticas Migratorias y Asilo (IPMA) de la Universidad Nacional Tres de Febrero.
El especialista relativizó el estudio disparador al considerar, mínimamente, dos elementos fundamentales: Uno, que la decisión migratoria se basa en procesos complejos; otro, el migrar como una vía de escape: “para evitar el derrumbe personal se opta por tratar de escapar de esa situación angustiante a la manera de un callejón sin salida”, dice en su libro Migraciones, disciplinamiento y control global, publicado en 2015.
PERO NO A TODOS LES FUE MAL:
Giancarla Bourrián, Estados Unidos:
Giancarla vive en Miami, Florida hace casi 9 años. Se mudó en 2011 con su familia y, si bien pensó infinitas veces en volver a vivir a Argentina (sobre todo durante el gobierno de Mauricio Macri), hoy en día está convencida de que prefiere volver solamente por unos días a visitar.
La decisión de mudarse a Estados Unidos no fue fácil; la familia acordó partir luego de presenciar un hecho delictivo en plena Capital Federal. “Mi papá se cansó de la inseguridad que había y sigue habiendo en Argentina y no quería seguir viviendo en un país en el que no se sabía qué nos podía llegar a pasar”, cuenta.
“Tuve que resignar mi vida entera para mudarme -dice Giancarla- desde mi familia y mis amigas desde los tres años hasta mi casa, y partí hacia un mundo nuevo que no sabía cómo me iba a esperar”. Terminó en Miami los últimos años cuatro años de secundaria: según dice, le costó “horrores” asentarse y acostumbrarse al colegio norteamericano tanto en lo personal como en lo académico. Por un lado, sabía que iba a perderse los “mejores años” con sus amigas de la infancia y, por el otro, era consciente de que su nivel de inglés no estaba a la altura.
Sin embargo, después de años de dudas y obstáculos, se graduó y comenzó a estudiar la carrera de Business en la Florida International University (FIU). “Una vez que entré a la facultad trabajé un montón para demostrar que mi lugar ahí valía y me terminé graduando antes de tiempo, con honores, y con uno de los mejores promedios”, exclama con alegría; “poder llegar a eso después de lucharla tanto fue todo un logro personal”.
Hoy, con 23 años, Giancarla trabaja en una Compañía start-up, y piensa que vivir en Estados Unidos fue (y sigue siendo) una gran oportunidad. “Varias veces pensé en mudarme de vuelta a Argentina, pero nunca lo terminé de concretar”, comenta. “Aunque en su momento eso era lo que más quería, sé que vivir en Miami es una oportunidad que no muchas personas tienen”, dice, y admite que, también, la situación económica actual de Argentina influye en su decisión de seguir viviendo en el exterior.
Bárbara Ciámpoli, Alemania:
“Yo siempre había tenido como idea irme a trabajar y a estudiar”, cuenta Bárbara, quien vive hace un año en Steinfurt, una ciudad “chiquita” de treinta mil habitantes al norte de Alemania. Ya había vivido en esa ciudad hace unos tres años gracias a un intercambio con la facultad, pero ahora, después de haber conocido allí a su actual novio y de haber experimentado en primera persona cómo era el estilo de vida, decidió mudarse indefinidamente.
En el 2019 se recibió de ingeniera química en la Universidad de Buenos Aires. Ahora, en Alemania, Bárbara trabaja mientras estudia para la maestría que está realizando, por lo que su día a día, en comparación con la rutina que llevaba en Argentina, no es muy diferente. “Como acá sigo siendo estudiante, no siento que haya habido un cambio grande –cuenta–. Lo que sí cambió fue que estoy hace unos meses conviviendo con mi novio”.
Tampoco le costó asentarse: “No soy particularmente muy dependiente de las cosas ni de la gente, por lo que no me costó. De hecho, me hice un grupo de amigos bastante rápido acá en la facultad”. Igualmente, acepta que tuvo que renunciar al hecho de poder compartir “en vivo y en directo” los eventos como cumpleaños, salidas, etc. con su familia y amigos. “También renuncié a mi trabajo en Buenos Aires que me gustaba mucho”, dice, pero reconociendo que ella sabía qué era lo que quería: el objetivo final era mudarse a Alemania.
Aunque siga estudiando, Bárbara trabaja en un estudio de ingeniería en donde diseñan y hacen los cálculos energéticos para colocar calefacciones y losas radiantes en edificios y diferentes viviendas. “Trabajo doce horas por semana y gano 10 USD brutos por hora. Eso es casi lo que ganaba trabajando en una empresa multinacional en Argentina, estando recibida y trabajando full time”, comenta.
¿Le gustaría volver al país en algún momento? Claro, pero de vacaciones; “a vivir no lo veo como plan”, dice. Por más que extrañe las reuniones familiares, las salidas con amigos, el asado y la chocotorta, declara que no puede comparar la calidad de vida que uno puede mantener en Alemania con la de Argentina. “Allá [en Argentina] hay que hacer el doble de esfuerzo, y ni siquiera se puede llegar a obtener lo mismo”, explica.
Sofía Wagner, Australia:
Oriunda de Necochea, Sofía Wagner viajó hace un año y medio a Australia y vive desde fines del año pasado en Manly, Sydney. Viajar siempre estuvo en su sangre: “Yo había tenido ya otra experiencia viviendo en el exterior por menos tiempo; había hecho un Work & Travel a Estados Unidos dos veces durante cuatro meses cada vez”, cuenta. Cuando volvió de su segunda experiencia en el 2017, se recibió de la carrera de Relaciones Públicas y comenzó a trabajar.
“Mi vida era solamente trabajar, mi sueldo era tan bajo que no me alcanzaba para mantenerme sola y mucho menos para irme de vacaciones”, comenta. Fue ahí cuando se dio cuenta de que, además del factor económico, le pesaba muchísimo la rutina y la monotonía del día a día, y decidió emprender viaje y comenzar una nueva vida en Australia.
“Allá es muy sencillo conseguir trabajo y un lugar para vivir –dice Sofía–; me costó más la parte emocional, me sentí rara como un mes”. Según su experiencia, a la semana de haber llegado ya la habían llamado de tres trabajos. “Es un país que abre bastante las puertas”, menciona. Actualmente trabaja en un Warehouse o “depósito”, en donde empresas almacenan su mercadería para distribuir después. “Hace una semana estoy trabajando ahí –comenta– pero este año y medio mi trabajo principal siempre fue ser cleaner o trabajar en house kipping”, es decir, limpiar hoteles, departamentos o casas de familia. Además, fue moza en dos restaurants.
QUE ES LO QUE MÁS SE EXTRAÑA?:
Leen diarios y oyen radios argentinas por Internet, y buscan conectarse con otros compatriotas que estén afuera para compartir costumbres.
1. La familia
Somos familieros como pocos y sin dudas es una de las cosas que más se extraña cuando se está en el exterior. Una reunión familiar, el almuerzo del domingo, una cena, un festejo de cumpleaños. Cuando estás afuera son esos pequeños momentos en los que no está el ruido de la familia lo que hace que los extrañes más que nunca.
2. Los amigos
3. Ir a ver a tu equipo
4. El asado del domingo
5. La cultura del día a día
6. El mate con facturas
7. La calidez argentina
Los argentinos tenemos nuestras cosas, pero a la hora de la amistad y la solidaridad somos únicos (o eso creemos). La calidez argentina, la ayuda colectiva entre los tuyos se siente en falta cuando estás en el exterior.
Si bien cada vez es más fácil estar conectados desde cualquier parte del mundo, no es fácil no extrañar algunas cosas que sólo se pueden vivir. Hoy chateamos por Whatsapp, nos vemos por Skype y hasta podemos compartir momentos únicos con familiares y amigos que viven en el exterior, pero sin dudas las costumbres se extrañan. Y vos, ¿qué es lo que más extrañas?
MÚSICOS ARGENTINOS EN EL EXTERIOR:
Actualmente lidera el “Fernando Huergo Jazz Argentino Quintet”, “The Jinga Quintet” y es parte de los grupos de Guillermo Klein y Los Guachos, Marta Gomez, Mehmet Sanlikol, Leo Blanco, Daniel Ian Smith, Mozik, El Eco, Pablo Ablnedo Octeto y muchos otros.
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