Pombero:
El Pombero es un ser pequeño, de unos 80 cm de altura, cubierto de pelo, con aspecto humanoide.
Suele habitar en bosques o montañas, y es considerado el guardián de la naturaleza y los animales.
También es bien conocido por sus "travesuras". Es un cambiaformas y si lo desea puede hacerse invisible. Se divierte desorientando a los viajeros en el monte, imitando sonidos de animales o provocando ruidos misteriosos. Para evitar conflictos con el Pombero, las personas le muestran respeto, dejándole ofrendas, como tabaco, comida o caña. De esta manera pueden ganar su protección. Según la leyenda, aquellos que cazan en exceso o maltratan a los animales sufrirán las consecuencias.
En la casa del abuelo se escuchaba un silbido ensordecedor los días que le tocaba dejar los cigarrillos como ofrenda al Pombero. Parecía como si con ese silbido quisiese anunciar que ya estaba ahí… y el abuelo gritaba «¡Ya voy!».
Yasi Yateré:
El Yasi Yateré, es un espíritu que vaga entre los árboles más antiguos, famoso por secuestrar a menores en los campos.
Comienza su ronda durante la siesta , mientras que los adultos duermen, y lo hace hasta el atardecer cuando decide internarse en la selva nuevamente.
Acecha a los pequeños que juegan despreocupados, aprovechando su capacidad para mimetizarse con la naturaleza y tiene preferencia por aquellos de cabellos dorados. Rubios, cómo él.
Aunque el Yasi Yateré es temido, también se le atribuyen poderes curativos y protectores. Es común rendirle tributo. Los locales le ofrecen juguetes, alcohol y comida para apaciguar su ira y mantenerlo alejado de los niños.
Poco habituada a dormir la siesta, a esa hora yo quería salir a jugar, el abuelo decía que no podía porque por ahí andaba el Yasi Yateré. Yo le respondía que no importaba porque yo soy morocha.
Benigno se ponía serio: ¡Por las dudas nomás hija, no hay que salir!
Lobizón:
En las noches de luna llena esta leyenda cobra vida. ¿Quién no escuchó alguna vez hablar del hombre-lobo?
Los que lo vieron afirman que es negro y que sus ojos brillan en la oscuridad. Durante su forma de lobo, vaga por los campos y bosques en busca de presas y al amanecer regresa a su forma humana, muchas veces confundido
y sin memoria. Se dice que este es el más universal de todos los mitos.
Consejo de Benigno: – No hay que tenerle miedo, es un perro grande nomás. Eso sí hay que cerrar el gallinero sino a la noche se lleva alguna.-
Kurupí:
Camba Bosá:
Caá Yarí:
Caá Porá:
Teju Jagua:
Es un gigantesco lagarto con cabeza de perro, otras versiones le conceden siete cabezas; todas coinciden en su escasa capacidad de movilidad.
Su aspecto era el más horroroso de los siete hermanos, su ferocidad había sido aniquilada, así era dócil e inofensivo, aunque su mirada infundaba terror.
Habitaba en las cavernas, a las que según algunos dichos arrastraba a sus víctimas para devorarlas, pero no es esto generalmente aceptado, algunos afirman que sólo se alimentaba de frutas y miel que le proporcionaba su hermano Yasy Yateré, siendo protector y beneficiador de los frutos dorados de la selva.
Se lo menciona también como genio protector de las riquezas yacentes en el suelo. Su piel adquirió brillo al revolcarse en el oro y las piedras preciosas.
Mbói Tu'i:
Segundo hijo de Taú y Keraná, la traducción literal de su nombre es "vívora-loro" describiendo su morfología.
Una colosal serpiente con cabeza y pico de loro. Su lengua roja y bífida, su piel escamosa y veteada, su mirada maléfica asusta a los que encuentra. Lanza terribles y potentes gruñidos que provocan terror.
Sus dominios eran los humedales. Protector de animales acuáticos y anfibios, del rocío, la humedad y las flores
Luz Mala:
También llamado el "Farol de Mandinga", "Boy Tata" o "Ailen Mulelo" ("Brasa ardiente que anda o camina"), fuegos a los que el indígena considera manifestaciones de ultratumba.
La riqueza cultural de la gente del noroeste argentino, resultado de la fusión de las antiguas culturas aborígenes, del cristianismo, de las soledades y desventuras que en el marco geográfico se desarrollaron a través de años y años. Entre las supersticiones y leyendas de la gente del campo o de los cerros está la de la "Luz mala", mito con trascendencia religiosa.En algunas épocas del año (generalmente las más secas) se suelen ver de entre las pedregosas y áridas quebradas de los cerros, a la oración, o cuando los últimos rayos del sol iluminan las cumbres de los cerros y el intenso frío de la noche va instalándose en los lugares sombreados, una luz especial, un fuego fatuo; producto de gases exhalados por cosas que se hallan enterradas conjugados con los factores climáticos.
El día de San Bartolomé (24 de agosto) es el más propicio para verlos, ya que es cuando parece estar más brillante el haz de luz que se levanta del suelo y que, por creencia general, se debe a la influencia maligna, ya que popularmente estiman que es el único día en que Lucifer se ve libre de los detectives celestiales y puede hacer impunemente de las suyas
La luz es temida también por que imaginan ver en ella el alma de algún difunto que no ha purgado sus penas y que, por ello, sigue de esa forma en la tierra.
Generalmente nadie cava donde sale la luz por el miedo que ésta superstición les ha producido, los pocos que se han aventurado a ver que hay abajo de la luz siempre han encontrado objetos metálicos o alfarería indígena, muchas veces urnas funerarias con restos humanos, lo que aumentó el terror, que al ser destapada despide un gas a veces mortal para el hombre, por lo que los lugareños aconsejan tomar mucho aire antes de abrir o sino hacerlo con un pullo (manta gruesa de lana) o con un poncho, de suerte que el tufo no llegue a ser respirado.
Nos cuenta don Hipólito Marcial: "La luz blanca que aparece en la falda del cerro es buena, donde entra hay que clavar un puñal y al otro día ir a cavar... va a encontrar oro y plata. De la luz roja huyan o recen el Rosario, se dice que es luz mala, tentación del diablo".
Para liberarse de la luz mala algunos rezan y muerden la vaina de su cuchillo.
IRUPE:
Irupé en guaraní significa plato sobre el agua.
Es el Irupé una bellísima planta acuática que se desarrolla en las aguas de numerosos ríos de la mesopotamia argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil. Sus flores son blancas, pero se tornan rojizas con el transcurso de los días. Son sin, dudas exquisitamente hermosas.
Yasí-Rata significa en guaraní estrella.
Dicen que dicen...que Yasí-Rata había nacido en una maloca, rodeado de todos sus parientes en tierra guaraní, a orillas del río Paraná.
El pequeño creció feliz hasta convertirse en un apuesto jovencito, muy soñador. Al llegar a la adolescencia, su mayor pasatiempo era abandonarse a orillas del río para contemplar a la reina de la noche, de quien el muchacho estaba profundamente enamorado.
Él amaba a la luna con verdadera pasión.
Cuando las nubes cubrían la faz y ocultaban el rostro de su amada imposible, Yasí-Rata se desesperaba de tal forma que trepaba a las copas de los árboles más altos, sólo con la esperanza de poder atraparla.
Sus amigos solían burlarse de él y el muchacho no encontraba consuelo, todo lo que hacía era con el afán de acariciarla pero todo era en vano.
Por muchas lunas el muchacho busco unos montes altos, caminó y caminó, hasta que al fin los halló, una vez allí, alzó sus brazos en señal de súplica, pero ni así, pudo cumplir su deseo.
En su desesperado y solitario corazón no cabía más que su amor por a inalcanzable luna.
Atormentado, Yasí-Rata abandonó su pueblo y camino hacia el ocaso con la ilusión de rodearla con un abrazo en el momento que ella tocase el horizonte.
La marcha fue incesante, el camino intrincado y duro, tanto que sus pies ampollados le hicieron detenerse para remojarlos en el agua fría del Paraná.
Sentado a la vera del río lo sorprendió la noche y allí apareció la imagen reflejada en el agua, él emocionado se paró para ver mejor aquella imagen y entonces, se vio, allí estaban juntos por primera vez. Sin pensarlo, se arrojó a los brazos de su idolatrada luna.
Pero al caer sobre las aguas, las imágenes desaparecieron y Yasí-Rata fue devorado por la correntada.
Tupá, el Dios bueno y generoso de los guaraníes, sintió una profunda compasión por el muchacho y decidió traerlo a la tierra nuevamente transformado en flor de Irupé cuyas flores blancas significan la pureza y la transformación en rojo, luego de unos días, la encendida pasión de Yasí-Rata, que ahora perdurará por siempre hasta el fin de los días.
Yasí-Rata podrá conversar con su amada todas las noches de su vida y ya no se separará de ella nunca jamás, sin dudas, fue un generoso premio que Tupá le concedió al joven, por un amor tan puro y desinteresado.
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